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  • Foto del escritorMoragua

Crecer cerca de espacios azules se asocia con una menor prevalencia de trastornos de salud mental.

A pesar del creciente cuerpo de evidencia que vinculan las experiencias en la naturaleza con resultados positivos para la salud mental, incluido un mayor bienestar, las personas se distancian cada vez más del mundo natural.


En el contexto de un mundo cada vez más tecnológico e industrializado, el desapego creciente del mundo natural, durante la niñez y la edad adulta, tiene un impacto negativo en la salud mental. La exposición limitada a la naturaleza en la niñez puede tener un costo para la salud mental a lo largo de la vida.


Una reciente investigación realizada en 18 países con más de 15.000 personas, publicada en el Journal of Environmental Psychology, descubrió que las personas que recordaban más experiencias en espacios azules durante la infancia tendían a otorgar un mayor valor intrínseco a los entornos naturales en general y a visitarlos con más frecuencia como adultos, cada uno de los cuales, a su vez, eran asociados con un mejor bienestar mental en la edad adulta.


La exposición positiva a espacios azules, como pasar tiempo jugando en ríos o en lagos, durante la infancia se asocia con una mayor sensación de bienestar en el futuro. Los espacios azules tienen cualidades sensoriales únicas (reflejos de luz, movimiento de ondas, sonidos) y facilitan una gama distinta de actividades de ocio. La evidencia reciente sugiere que crecer cerca de espacios azules se asocia con una menor prevalencia de una variedad de trastornos de salud mental durante la edad adulta. Experiencias infantiles positivas de los espacios azules también brindan a los niños oportunidades para el contacto social con amigos y familiares, lo que puede promover un sentido de pertenencia, una mayor autonomía y el desarrollo de competencias en los niños.


Los hallazgos de las investigaciones sugieren que generar familiaridad y confianza en y alrededor de los espacios azules durante la infancia puede estimular una alegría inherente con la naturaleza y alentar a las personas a buscar experiencias recreativas en la naturaleza, con consecuencias beneficiosas para la salud mental de los adultos.


Este hallazgo refuerza la necesidad de proteger e invertir en espacios naturales para optimizar los beneficios potenciales para el bienestar de los niños. En segundo lugar, sugiere que las políticas e iniciativas que fomentan un mayor contacto con los espacios azules durante la infancia pueden apoyar una mejor salud mental en la edad adulta. En tercer lugar, las motivaciones intrínsecas para visitar espacios naturales se asociaron con la frecuencia de visitas a espacios azules y verdes en la edad adulta, que posteriormente se vincularon con un mejor bienestar subjetivo.


El reconocimiento de estas asociaciones respalda la necesidad de proteger los espacios azules de alta calidad existentes, proporcionar espacios azules seguros y enriquecedores, y fomentar las visitas de los niños a ellos. Una mayor exposición a los espacios azules durante la infancia puede ofrecer una estrategia viable para mejorar el bienestar de las generaciones futuras a nivel de la población.



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